divendres, 5 d’agost de 2011

KEYNESIANISMO e HIPOCRESIA

EE.UU eleva el techo de deuda, evita el default, pero pone en peligro la recuperación económica que parecía iniciada, mientras, MOODY’S le mantiene el rating de deuda (AAA) pero le coloca la etiqueta de “perspectiva  negativa“.

El ajuste del gasto pactado entre republicanos y demócratas no vendrá acompañado por el incremento de ingresos, que inicialmente estaba pensado con un retroceso de las rebajas fiscales introducidas por Bush a las rentas más altas. Así, sin aumentar los ingresos vía impuestos y con la debilidad de los últimos datos económicos, se deteriora la capacidad de reducir el déficit y retornar la deuda
Los últimos datos publicados del PIB de EE.UU. nos mostraron que el crecimiento del primer trimestre fue menor al inicialmente informado, mientras un crecimiento del 1,3% anualizado durante segundo trimestre se sitúa lejos del 2,7% que espera el consenso para final de año. El consumo no crece (0,1% anualizado) y cada día le cuesta más hacerlo y al hacerlo, lo hace de forma menos sana, a crédito.
La obsesión del grupo más extremo de la oposición, abanderando un patriotismo hipócrita, la presión de algunos sectores conservadores y populistas, medios y miembros del mercado, han obligado al gobierno a focalizar su atención en el déficit presupuestario y en la deuda en el peor momento del ciclo, antes de asegurarse una salida clara de la crisis, mientras volvemos a la cantinela de un nuevo estadio de recesión. Esto ya le ocurrió a Roosevelt en 1937, con un recorte precipitado del gasto que llevó de nuevo a la economía a depresión.
La hipocresía de la extrema derecha republicana se demuestra en el alarmismo por el déficit que se contrapone con su actuación en el poder en el pasado. Adjuntamos dos gráficos, uno con el déficit gubernamental reciente de la histórica de EE.UU y otro con el nivel de deuda, PIB en dólares corrientes y ratio Deuda/PIB.
Como vemos entre el 1993 y 2001 (años de gobierno demócrata de Bill Clinton) el déficit fue reduciéndose paulatinamente, hasta consolidar superávit superior al 2% en los últimos años de su mandato, único periodo claro de superávit desde el año 68 en EE.UU. Además, como vemos también en el gráfico del la derecha, fue el único momento en que la deuda sobre el PIB se redujo pasando del 68% al 57% (línea azul).
Con Bush, continua el crecimiento económico, pero también el de la deuda (época de guerras) que la devuelve a niveles del 68% del PIB.
La crisis actual, el rescate del sistema bancario y los paquetes de estimulo económico han elevado el déficit hasta colocarlo cerca del 10% y la deuda alcanza 14 mil millones de dólares, un incremento del 61% en tres años, mientras el PIB ha permanecido estancado (+7,3% nominal) durante ese periodo, dejando la deuda sobre PIB en el 96%. A pesar de ello, como vemos en el próximo gráfico de gasto e ingresos del gobierno de los EE.UU., este aumento del déficit no es por un cambio radical en la conducta de gasto, que lleva años creciendo a una tasa anual próxima al 5% (línea lila), sino por un deterioro de los ingresos (mucho más volátiles) a causa de las crisis.
Con ello, lo que quiero recalcar es que la clave está en el crecimiento y que las políticas de austeridad y ajuste presupuestario deben quedar para momentos de bonanza, no deben ser las políticas de hoy. Los bancos centrales y gobiernos deberían dar un golpe sobre la mesa, transmitiendo confianza a los mercados, asegurando una financiación a costes razonables y en el momento en que el ciclo económico recupere la senda el crecimiento iniciar su política de austeridad. Es una cuestión de equilibrios delicados, como lo es la economía en sí misma.
Más concretamente la clave de la economía americana, además de en la demanda externa en la que todos los países con demanda interna débil confían, está en la creación de empleo, que debería arrastrar el consumo interno. Un consumo que favorecerá la inversión, más allá de la actual reposición de inventarios, de unas empresas los suficientemente capitalizadas y saneadas que si no invierten no es porque no puedan, sino porque no observan demanda.
Por ahora, los datos de empleo parecían mostrar síntomas de mejora después de la fuerte destrucción durante la recesión (ver gráfico anterior izquierda), pero la creación de empleo, que se inició en marzo de 2010, se ha debilitado durante los últimos meses (gráfico derecha) y se habla de la ruptura de la cadena de suministro por el terremoto en Japón como una de las causas coyunturales.
Lo cierto es que la creación de empleo en los meses de mayo y junio se sitúa por debajo de los 100 mil nuevos puestos de trabajo al mes, y eso es poco para hacer que el consumo crezca entre el 2,5% y 3%, que es lo que debería crecer si se espera que el PIB lo haga al 2,7%.

Si no se superan los 85 mil nuevos empleados que se esperan para el mes de julio, no se conseguirá variar la tendencia a la baja que estamos viendo y el mercado puede mostrarse muy sensible a ello. Esperemos que sólo sea un desajuste temporal.

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